—Soy Adrián y seré el anfitrión que siempre soñó —dice el hombre vestido de frac—. Le doy la más espléndida bienvenida al restaurante más lujoso de la ciudad, con seguridad, del orbe. Enseguida lo atenderá Bruno, nuestro gran mesonero. Para su comodidad, he reservado una mesa para tres.

—Yo soy Carlos y he venido a celebrar, ¡no hay mejor oportunidad que esta, en el restaurante estrella, siendo atendido por el garzón estelar! ¿Dónde están los músicos y los tragos?

Adrián desaparece y toma su lugar un hombre de mirada seria. A duras penas levanta los pies; el recién llegado arrastra sus zapatos, se presenta, extiende el menú sobre el mantel y recita la lista de platos y bebidas. El obeso escucha la letanía gastronómica.

—¡Siempre hay buena ocasión! ¡Que decida el chef! ¡Un trago para los de la barra!

Los desconocidos levantan sus manos en señal de agradecimiento. El barman se acerca a atenderlos.

—Qué buena fortuna la de usted —responde Bruno—. Yo no tengo tanta suerte. Mis horas son sombras, desastres; la parca disfrazada.

—¡Pero, hombre, cálmese! —grita el comensal, después de quitarse el sombrero de copa—. No todos los días pueden ser malos, fíjese, hoy me enteré del fallecimiento de mi abuelo y de una gran herencia que me ha dejado. ¿Se fijó? ¡Tenemos que buscar la felicidad como sea!

—Soy más de ver lo duro, la agonía, de recordar que mis padres ya no están, que les fallé, saber que si muero seré olvidado, ¿qué es la soledad? ¡Una cárcel!

—¿No se ha puesto a pensar en que no habrá dolientes? ¡Anímese! ¡Viva!

—No importa lo que usted diga o yo haga, no existe nada positivo en este mundo. La existencia es una mala ilusión, un abismo oscuro donde no hay escape, una carga que arrastro, un latigazo sin fin. ¿Respirar es un castigo, un recordatorio del dolor y del sufrimiento? ¿Es esto un laberinto interminable, donde cada paso me acerca al infierno?

Adrián se une a la conversación.

—Disculpe el atrevimiento, don Carlos. No he podido mantenerme alejado del tema que tratan. ¿Qué mejor lugar que este para hablar de asuntos tan trascendentales? ¡La vida, la muerte, la tristeza, la alegría! ¡Una conversación intelectual, pesimista, cargada de bajadas y subidas! ¡Ya sabía yo que lo inmaterial, lo material y lo inflamable podía ser discutido, claro, en esta mesa!

—¡Nunca antes mejor dicho! ¿Qué tal salen las chuletas de cordero? ¡Hay que vivir y gozar, así esos pobres animalitos tengan que sufrir un poco!

—¡Inmejorables, excelso, fabuloso!

Carlos ordena otra ronda. Adrián improvisa un poema medieval para alabar las chuletas; mientras tanto, Bruno se aleja, cabizbajo, del restaurante.

Los psicólogos detienen el interrogatorio y se dan por vencidos. Darius es incapaz de reaccionar y, en su mente, decenas de personajes protagonizan los traumas de su infancia y la adolescencia.

Es inútil —piensa el doctor Canguelo—. Es solo él en su mundo.

San Antonio de Escazú, 28 de abril de 2023.

Imagen de Omer Yousief en Pixabay