Recuerdo aquella madrugada cuando trajeron a la muchacha. Tenía la piel helada y los labios agrietados. Los paramédicos entregaron a los funcionarios el teléfono que habían encontrado cerca de las manos de la desconocida.
Los oficiales querían saber qué había sucedido, y centraron su atención en encender y desbloquear el celular. Finalmente lo lograron, y lo que encontraron en él explicó casi todo.
El primer video mostraba una toma desenfocada del bosque. Una voz alegre rompía el silencio: «Hola, mis amores, Chloe y yo estamos aquí, disfrutando de nuestra excursión». La cámara enfocó a dos jóvenes. Sofía, quien grababa, sonreía nerviosa, mientras Chloe caminaba delante de ella, determinada y sin mirar atrás.
Parecía una aventura ordinaria, pero, de pronto, las cosas cambiaron. En otro video, el bosque se veía más oscuro. Los árboles eran altos, sus ramas apenas visibles, y la cámara temblaba con cada paso de Sofía. El suelo, cubierto de hojas secas, crujía bajo sus pies. Se escuchaba el sonido del viento, un murmullo que apenas dejaba oír su respiración agitada.
Al rato, las dos muchachas comenzaron a discutir.
—Chloe, esto no tiene sentido; ya deberíamos haber salido del bosque —dijo Sofía, preocupada.
—Confía en mí. Sé que este es el camino correcto —respondió Chloe, alterada.
—Siempre eres tan testaruda. ¡Por hacerte caso, ya perdimos las mochilas con nuestras cosas en el risco! No tenemos agua, ni comida, ni siquiera una linterna extra.
Chloe no cedió.
—¡No importa, me sigues y ya!
La siguiente grabación mostraba a Sofía, cuya voz sonaba agotada y temblorosa.
—No puedo seguirte más. Esto no está bien; voy a regresar y buscaré la salida.
Chloe gritó:
—¡Haz lo que quieras!
El siguiente video era más inquietante. Sofía parecía estar sola, su voz era apenas un susurro, y la cámara apuntaba al suelo.
—No sé cuánto tiempo llevo caminando… Tengo sed… La batería está por morir.
La grabación terminó de forma abrupta; mostraba la imagen del tronco de un árbol cubierto de musgo. Las raíces sobresalían como garras atrapadas en la tierra.
Al terminar la reproducción del vídeo, los oficiales intercambiaron miradas. Uno de ellos aclaró su garganta antes de hablar con voz:
—Ya sabemos que los restos que encontramos son los de Chloe, aunque hay algo en ellos que no encaja —dijo el inspector Galú.
—Mira bien el final del último vídeo —respondió Albencio.
Galú abrió los ojos al prestar atención a los detalles. «Hay algo que se mueve tras los árboles. Lo que sea que haya sido, huyó al sentir que los paramédicos y bomberos se acercaban», pensó.
—La que corrió con suerte fue Sofía, en todo caso.

San Antonio de Escazú, 17 y 20 de enero de 2025.

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